Una vez extraídas del cordón umbilical, las células madre tienen la capacidad de mantener su viabilidad a temperatura ambiente, esto es entre 15°y 25°C, durante un período de tiempo de 48 horas luego de la recolección.
Para poder preservar las células y asegurar la conservación adecuada de modo que puedan ser utilizadas a largo plazo, es necesario someterlas a un proceso de enfriamiento denominado criopreservación.
Conservación en frio o criopreservación
Mediante la conservación en frío, los especialistas aseguran que la viabilidad de las células es de por lo menos 15 años. Sin embargo, existe evidencia que hace presumir que este plazo podría extenderse mucho mas allá.
Ahora bien, la conservación en frío de las células madre no es cualquier conservación, el método empleado es la criopreservación y se trata de un procedimiento por el cual las células madre son congeladas a muy baja temperatura con el objeto de preservar inalterada su capacidad de proliferar y diferenciarse.
En primer lugar, las células progenitoras son concentradas, lográndose una muestra de aproximadamente 20-25 ml. Luego, las células son transferidas a una bolsa plástica creada específicamente para este uso que contiene sustancias crioprotectoras cuya finalidad es evitar daños a las células durante la congelación.
La bolsa es herméticamente sellada y depositada en un contenedor individual de acero inoxidable el cual es sometido al proceso de crioconservación propiamente dicho, haciendo que su temperatura descienda progresivamente hasta alcanzar los -80ºC . Una vez finalizada esta etapa, el recipiete contenedor se deposita en un tanque de almacenamiento definitivo donde permanecerá inmerso en nitrógeno líquido a -196ºC durante el tiempo necesario.








